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Crítica Javier Paisano DIARIO DE SEVILLA

ESPEJO DE LO QUE ESTÁ OCURRIENDO Fundición Producciones. Autor: Ronald Harwood. Versión: Pedro Álvarez-Ossorio y Pepa Sarsa. Dirección: Pedro Álvarez Ossorio. Intérpretes: Antonio Dechent, Roberto Quintana, Emilio Alonso, José Manuel Poga. Rocío Borrallo José David Gil. Escenografía y vestuario: Vicente Palacios. Iluminación: Daniel Abad y David Romero de la Osa. Espacio sonoro: Santi Martínez. Imágenes y ayte dirección: Ana Álvarez-Ossorio. Producción: Marina Rodríguez. Lugar: Teatro Lope de Vega. Fecha: Jueves, 21 de febrero de 2013. Aforo: Tres cuartos. Profunda reflexión sobre las lindes que separan el arte de la política o los límites que impiden que ambas disciplinas no se intoxiquen la una a la otra. Ronald Hardoow, escritor y guionista de cine afamado (obtuvo un Oscar por el guion de El pianista), escribió esta pieza en 1995 y en ella se hace eco del proceso de desnazificación que vivió Alemania tras perder la II Guerra Mundial. El director de orquesta Wilhelm Furtwängler, personaje real, es sometido a una investigación sobre su pasado como colaboracionista del partido nazi. Un militar estadounidense que procede del mundo de los seguros es el encargado, con maneras soeces e incultas, de llevar la investigación. Le ayudan una joven alemana hija de un héroe (su padre atentó contra la vida de Hitler) y un joven teniente de origen judío nacido alemán. El mayor, intepretado por Antonio Dechent, intenta crear entre ellos un ambiente cordial pero pronto se da cuenta de que se convierte en un extraño incapaz de entender como se puede anteponer a la justicia el concepto de lo artístico. Pedro Álvarez-Ossorio ha conseguido una obra en mayúsculas. El mensaje, denso, profundo, inquietante del texto de Harwood encuentra en su dirección un vehículo medido, angustioso y espléndido que promueve en el espectador multitud de sensaciones provocadas, sin duda, por la interpretación de sus protagonistas y, sobre todo, por la similitud con la situación de crisis moral que vive nuestro país. Antonio Dechent se mueve en un difícil papel, ya que debe medirse y frenarse y lo consigue. En la segunda parte, Dechent encuentra una veta que lo humaniza y hace que caigamos en su red. Roberto Quintana es una roca contra la que lucha el militar (Dechent). Su aspecto honorable, su discurso cultísimo, su entrega al arte sin condiciones es defendido por Quintana consiguiendo que su personaje sea el que nos embauque. José Manuel Poga tiene uno de los momentos más emocianantes de la función. Una especie de monólogo dirigido al director de orquesta con el que provoca el mayor de los escalofríos entre el público. En esos instantes somos capaces de ver la desnudez del alma de su personaje. Rocío Borrallo, acertada, y Emilio Alonso, espectacular con la variedad de sus personajes. La escenografía y el vestuario de Vicente Palacios son sencillamente perfectos. Estamos ante una producción que, si no fuera porque desde hace tiempo tengo la certeza de que en Andalucía se hace el mejor teatro de España, alguien no avezado creería que es una obra venida de un Centro Dramático Nacional. Por cierto, ya tengo un candidato para la dirección del CAT. Y hay más... http://www.diariodesevilla.es/article/ocio/1466051/espejo/lo/esta/ocurriendo.html

22 de febrero de 2013

Tomar Partido Crítica Málaga Hoy

LOBOS EN UN TEATRO POLÍTICO. Con una respuesta de público demasiado fría que no habla precisamente bien de Málaga como ciudad cultural, la Fundición de Sevilla celebró el pasado miércoles en el Cánovas el estreno absoluto de una de las propuestas más interesantes del año, una lectura de la obra de Ronald Harwood (guionista de Roman Polanski y compañero de fatigas de Harold Pinter en el Londres de los 60, aunque nacido en Sudáfrica) Taking sides, reconvertida, a tenor de la admirable adaptación de Pedro Álvarez-Ossorio y Pepa Sarsa (un trabajo más que abultado) en Tomar partido. La obra, ambientada en el Berlín de 1946, recrea la investigación a la que fue sometida en la zona de la capital alemana que había quedado bajo control americano el director de orquesta Wilhelm Furtwängler a cargo de la Comisión Antinazi para los Artistas. La historia del maestro, una de las mejores batutas de su tiempo, titular de la Orquesta Sinfónica de Berlín, adversario acérrimo de Herbert von Karajan y perpetuo sospechoso de colaboración con los nazis (a pesar de que manifestó públicamente su desprecio a Hitler y los suyos y de que ayudó a numerosos judíos a salir de Alemania, su postura respecto al tercer Reich se interpretó siempre como dudosa), sirve en bandeja una reflexión sobre la posibilidad de independencia entre arte y política y, con especial énfasis, sobre el grado en que la aceptación de la permanencia junto al lobo termina contaminando al cordero, por más que éste considere al primero un criminal. Álvarez-Ossorio brinda una lectura ágil, cautivadora, bien guiada entre los argumentos principales y los secundarios, con una pasmosa claridad de exposición que convierte las dos horas de función en apenas un suspiro y que juega acertadamente con intrigas y secretos. Antonio Dechent borda el mejor trabajo de sus últimos años con un comandante Arnold soberbio, y Roberto Quintana compone a un Furtwängler excepcional y emocionante merced a una sabia economía de medios. La escenografía es tan hermosa como eficaz. Aquí el teatro es de altura. Véanlo.  

27 de noviembre de 2012
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